VOLAR EN GLOBO EN CAPADOCIA

 

Capadocia

Capadocia es una región histórica de Anatolia central, en Turquía. Desde 1985 la Unesco incluyó a la región de Capadocia en la lista de “Patrimonio de la Humanidad” y no se equivocaron. Antes de viajar sólo tenía en mi mente las imágenes de la película “Expreso de media noche” y a pesar de la desgarradora historia; los fantásticos atardeceres, los minaretes y la magia de los cánticos musulmanes que llamaban a la oración, hicieron que viajar a Turquía fuera un sueño constante y que por mucho tiempo creí imposible.

 

Por fortuna, la vida siempre es generosa y nos sorprende. La globalización ha permitido que la sensación del mundo “al alcance de todos” sea una realidad y cada vez exploramos nuevos destinos desde la pantalla de cualquier computador. Cada vez es más fácil ir al otro lado del mundo… y en Turquía yo no sólo estuve ahí, sino que también conocí el cielo.

 

Después de creer que Estambul ofrece todas las sorpresas del país más occidental del mundo musulman, viajamos hasta Capadocia atravesando las impronunciables provincias de Kayseri, Aksaray Nidge y Nevsehir que ofrece increíbles paisajes, deliciosa comida y la encantadora (y particular) atención de sus habitantes.

 

Generalmente en los hoteles ofrecen la experiencia de sobrevolar el Valle de Göreme en globo aerostático pero hay dos cosas que uno debe sortear para animarse a vivir una de las experiencias más inolvidables en la vida de cualquiera: la primera es el horario; pues hay que levantarse a las 3 de la mañana para recorrer el largo camino en carro hasta el punto de salida de cada empresa de “Ballons”.

 

La segunda cosa a la que el turista debe sobreponerse es al precio. El paseo tiene un costo de más o menos 150 Euros por persona y cuando uno cree que es costoso para 2 horas de paseo, puede pensar tontamente que no vale la pena. Pero es el dinero mejor invertido de su viaje y es una experiencia irrepetible que nadie puede dejar pasar por alto estando tan cerca.

 

Haciendo realidad el sueño de volar

 

Volar…cada vez se hace más cotidiano y muy pocos sueñan con hacerlo. Pero pasear entre las nubes, por encima de las colinas, valles, chimeneas de las hadas y pueblos trogloditas, es una oportunidad que uno no alcanza a imaginar ni siquiera en nuestros sueños más lanzados.

 

Ni el cansancio de la madrugada, ni las corrientes de aire frio que atraviesan la región aún durante el verano logran calmar los contagiosos ánimos de los turistas que emprenden ésta aventura. Cuando uno llega al Valle de Göreme al lugar donde se parquean las camionetas que transportan viajeros, uno ve la primera fotografía viva de un irrepetible placer para todos los sentidos: en medio de la oscuridad, se perciben los primeros globos que empiezan a inflarse a medida que el aire caliente de las llamas alimentadas por el gas que los impulsará por ésta maravillosa travesía.

 

Los colores de los globos se lucen de una manera majestuosa, los viajeros se saludan unos a otros, se toman fotos, hablan y especulan sobre la experiencia mientras se toman una tasa de café y comen algunas galletas que nos ofrecen a la llegada.

 

En medio del bullicio, veo una pareja de novios, vestidos de blanco impecable, con velo y ramo en sus manos, que han escogido dar el “Si, acepto” justamente ahí y hacer su primer vuelo de esposos sobre este valle milenario.

 

Pero el ambiente festivo no presagia lo que estábamos por vivir. Nos acomodamos rápidamente en las canastillas que están hechas para trasportar entre 15 y 20 pasajeros, incluyendo un experimentado piloto debidamente uniformado que se presenta en 4 idiomas y da las indicaciones de seguridad.

 

Luego de hacer un simulacro de aterrizaje en posición fetal, de acuerdo a las indicaciones del piloto; emprendemos lentamente el vuelo arrullados por el sonido de la llama de gas que alimenta el globo y esa mezcla de idiomas en los que hablan los viajeros. Definitivamente el corazón se expresa mejor en lengua materna y en éste punto la experiencia es individual y profunda.

 

Empieza a amanecer y el sol da los primeros rayos sobre el valle. Decenas de globos de las seis empresas autorizadas para prestar el servicio, surcan el cielo al mismo tiempo y nos regalan hermosas imágenes y fotografías que serán atesoradas y presumidas a nuestro regreso a casa.

 

Es imposible detenerse a pensar que estamos a 700 metros de altitud, pues la sensación de seguridad es tan grande que uno puede dedicarse a disfrutar del paisaje y todas las sensaciones que invaden nuestros sentidos. Durante una hora que se va en un abrir y cerrar de ojos, podemos tener acercamientos de puntos a los que es imposible llegar por tierra.

 

Una vegetación particularmente bella, una gama de colores increíbles, ovejas y pastores, chimeneas y casas de hadas en ese paisaje lunar, obliga que todos los habitantes del globo vayan quedando mudos poco a poco.

 

Las charlas han quedado atrás. Los gritos, las risas y las fotos pasan a un segundo plano, cuando uno se deja envolver por esa experiencia surrealista y poco a poco llega el silencio y la admiración del paisaje formado por el Volcán Erciyes hace 10 millones de años.

 

Pero cuando uno se está acostumbrando al vuelo, termina la emoción de volar, y nuevamente regresan las risas y la algarabía de todos durante el aterrizaje que puede ponernos algo nerviosos.

 

Al bajar del globo, nos reciben con una copa de Champaña y un certificado de vuelo. Vuelven las fotos al compás del “Salud” en 5 o 6 idiomas de los viajeros… los mismos que recordarán siempre, este viaje en que cada uno tocó el cielo a su manera.

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